Claudia S. Corichi García 

 

 

Hace unas semanas, aconteció una fecha significativa para la cultura zacatecana y nacional, me refiero al 100 Aniversario luctuoso del poeta Ramón López Velarde y unos meses previos, la celebración centenaria de su reconocida publicación La Suave Patria.

 

López Velarde fue un hombre liberal de su tiempo, revolucionario, católico, que rechazó la dictadura de Porfirio Díaz y defendió la democracia. Se consideraba un apasionado de la causa maderista, con quien recorría las calles del estado vecino de San Luis Potosí, y posteriormente siguió con fervor a Venustiano Carranza. Logró ser reconocido en vida por las tres grandes generaciones literarias de ese momento, en 1914, a los 26 años por Juan José Tablada, uno de los principales modernistas. En 1916, por Julio Torri, principal ateneísta y en 1921, por los futuros jóvenes contemporáneos: Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, José Gorostiza y Carlos Pellicer. 

 

Su fascinante y corta vida parece inmensa por su gran productividad literaria, sin embargo, sabemos que murió a los 33 años, la edad de Cristo cuando fue crucificado.

 

A través de La Suave Patria, composición literaria que se publicó unos días antes de su muerte en la revista El Magisterio, nuestro poeta retrata tradiciones mexicanas, resalta las carencias de las zonas rurales del país, las riquezas naturales y la cultura popular. Entre sus palabras deja entrever su pasión por el México profundo y el enamoramiento hacia la magia de la vida cotidiana. Hace evocaciones a escenas del día a día con su magistral uso del lenguaje y de la palabra.

 

Estamos ligados de maneras diferentes pero profundas a López Velarde, recuerdo que mi abuelo materno me recitaba La Suave Patria; y aún ahora cada vez que estoy en mi casa de Guadalupe, Zacatecas, cuando duermo tarde o despierto por la madrugada escuchando el tren qué pasa ahí cerca, no puedo evitar pensar en uno de sus versos: “El tren va por la vía como aguinaldo de juguetería” y escuchar su voz.

 

Hay que ciudadanizar los homenajes a nuestro gran poeta, más allá de los eventos oficiales, interiorizar entre los amantes de la cultura ya que merece todo el reconocimiento nacional e internacional pero también hay que compartir con nuestras hijas e hijos, que son las nuevas generaciones, su legado literario para apropiarnos de nuestra cultura y hacer que los versos y estrofas de sus poemas, retumben en los espacios más recónditos del planeta.

En este contexto, algunas amigas, amigos y amantes lopezvelardianos radicados en la Ciudad de México, aprovechamos esas fechas tan significativas para homenajearlo en un hermoso lugar en la Colonia Roma, ya que coincidimos que el mejor tributo es conocer su vida y leer su obra. 


 
 

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