Por su potente capacidad de contagio y su imprevisibilidad, el coronavirus obligó a replantear los movimientos cotidianos que hacemos, en distintas direcciones. Usar tapabocas o mascarilla, evitar en la medida de lo posible los espacios cerrados, prestar atención a lo que se toca, lavarse las manos con frecuencia y utilizar sanitizantes, está entre los nuevos hábitos que ya forman parte de nuestros días, en esta denominada “nueva normalidad”. A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS), sugiere como medida el distanciamiento social de dos metros.

La arquitectura tomó nota de estos cambios socioculturales y sanitarios. El estudio “Don’t Breathe on Me” de la Cornell University, una innovadora y reveladora investigación que increíblemente se pensó antes de la pandemia, da cuenta sobre las consecuencias infecciosas de una persona dentro de una cabina de ascensor. Así, se determinó que el aliento de una persona llega cómodamente a expandirse por 1,5 o más metros, desde la boca o nariz, lo que genera que pueda infectar a otros pasajeros que estén en la cabina, y superficies de la misma.

A medida que los distintos sectores económicos vayan restableciendo sus actividades -como las oficinas, shoppings, fábricas y hoteles, entre otros-, necesitarán requerir el servicio de ascensores para ser utilizados tal cual fueron pensados en su origen, con un tráfico normal de personas que van y vienen, suben y bajan.

En este contexto, la creatividad local está a la orden del día: para colaborar con esta problemática, surgió una solución que propone una compañía argentina, Ascensores Servas, que desarrolló un protocolo de vanguardia compuesto por cuatro caminos complementarios y simultáneos de ataque y prevención, con rayos ultravioletas UV-C, aislación individual por pared de aire, renovación de aire total en pocos segundos y botones de accionamiento sin contacto.

Por ejemplo la Torre Madero ubicada en Catalinas, que alberga algunas de las empresas más importantes del país como Techint, Fiat, Reuters y la Embajada de la India, cuenta en condiciones normales con una población de 1750 personas más un flujo diario de 1000 personas que acceden como visitas. Previo a la pandemia, el ingreso en las horas pico de acceso a las oficinas llevaba 60 minutos. Hoy con los protocolos de distanciamiento social, este movimiento llevaría 10 horas.

En diálogo con Infobae, el ingeniero civil Roberto Policichio, a cargo de la gerencia de Ingeniería y Servicios de Torre Madero y Presidente Honorario del Consejo de Ingeniería Civil, explicó: “Torre Madero es un edificio emblemático corporativo en una zona de Retiro, precisamente en la manzana de Catalinas. Aprovechando que estábamos en un proceso de modernización de los ascensores principales y ante la sorpresiva aparición del virus SARS-CoV-2, nos obligó a replantearnos determinados procesos en nuestra vida, incluso en la parte operativa de la gestión de la construcción”.

Y destacó: “El edificio se acomodó al contexto de la pandemia a través de diversas medidas con las que apuntamos a disminuir toda posibilidad de contagio y generar un lugar seguro para todos”.

El profesional, quien también es Coordinador del Foro de Edificios Seguros, precisó a este medio: “Con la llegada de la pandemia, con el advenimiento del distanciamiento social y recomendaciones de ventilación, teniendo en cuenta esta problemática estudiamos qué podíamos hacer para paliar el uso del transporte vertical. A medida que fuimos ensayando determinados caminos, llegamos a la conclusión de operar con tres procesos: uno es generar una pared individual de aire, a través de un flujo vertical que va de techo a piso, producido por -en nuestro caso- ocho turbinas, lo que genera que en 6 a 10 segundos se produzca una renovación del aire de las cabinas y con esto logramos envolver a cada pasajero en forma individual, quedando aislado del resto. Con ranuras de ventilación en el perímetro inferior logramos que en forma estética los posibles virus o bacterias salgan al exterior”.

“Los rayos UVC, en su categoría “C”, que tiene una longitud de onda de 100 a 180 nanómetros, es una radiación que no alcanza la superficie terrestre, ya que la capa de ozono la absorbe en su totalidad. Los rayos UVC son los que desifectan, incluso en los Estados Unidos son utilizados para desinfectar vagones de trenes y hospitales, por ejemplo. ¿Cómo los generamos? A través de un tubo que colocamos en el coche, que cuando la unidad está cerrada y sin pasajeros, se enciende durante 30 segundos y desinfecta la cabina. Las tres condiciones para que se active es que tiene que estar detenido, sin pasajeros y con sus puertas cerradas”, agregó.

Policichio completó: “Finalizando estos tres caminos, adicionamos botoneras de aproximación tanto exteriores como interiores, que actúan a cuatro centímetros, por lo que no es necesario tocarlas y resuelve la problemática del riesgo de exposición a contagios por superficies”.

Los nuevos avances en materia de sanitización se incorporaron al proyecto de ascensores siguiendo pautas internacionales, los sistemas de aislación entre pasajeros por pared de aire, renovación de aire de cabina en 10 segundos, esterilización por rayos UVC, y la instalación de botonera adicional contactless, actualmente en operación exitosa.

“Atravesamos la segunda ola de contagios teniendo en cuenta todas las recomendaciones que señalan que se deben guardar dos metros de distancia entre las personas, que hay que evitar recintos cerrados, que no hay que tocar superficies contaminadas. Y las únicas soluciones que los expertos sanitarios propusieron a la fecha en ascensores para minimizar el contagio persona a persona es viajar de a un pasajero por viaje por cabina, aún en cabinas de 16 a 20 pasajeros, lo que es un imposible a futuro”, reflexionó José Aizpun, presidente de Servas.

Por su parte, Rodrigo Boscolo, arquitecto del estudio BMA & Asociados, aseguró: “Estamos pensando edificios desde los diseños arquitectónicos que ya prevean una estimulación de las actividades en espacios abiertos, el tener en cuenta las ventilaciones cruzadas permanentes y de acción mecánica; el estudio de los flujos de aire y de los movimientos de las personas para minimizar al máximo los cruces; fomentar espacios arquitectónicos de la arquitectura clásica que hoy toman muchísima dimensión como los patios, terrazas, recovas, galerías, plazas secas y todos los ambientes que alienten a combatir el COVID-19”.

“Proponemos y alentamos al usuario a un nuevo confort. Ya no importa tanto si la temperatura es frío o calor, sino que si los espacios tienen buena circulaciones, con iluminación natural, seguro contra el COVID-19, con ventilaciones cruzadas pensadas, y ese nuevo confort lo pensamos con un bajo ruido, elementos naturales, uso de ventiladores, muchísimo más en contacto con la naturaleza”, agregó.

De acuerdo al experto, en relación a los espacios, “se buscan compartimentos fluidos, no estancos, en donde la gente esté siempre en movimiento y no se generen aglomeraciones. De esta manera incentivamos a las personas a la acción y también siempre en relación y en contacto con la naturaleza; nos acercamos mucho más a una arquitectura bioclimática, en donde todos los aspectos que nos acerquen al verde, al agua, a la vegetación, al contacto con el sol, al aire libre, etc.”.

En New York, Estados Unidos, por ejemplo, producto de la preocupación acerca de los controles y la prevención del aumento de casos, desde los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) plantean presentar una guía para ascensores y escaleras eléctricas. En el caso de estas últimas, se aconseja que haya un pasajero cada dos escalones y un desinfectante de manos en la parte superior. En el caso de los ascensores, se recomienda limitar el número de pasajeros, pero no se especifica un número; habrá flechas que muestren diferentes caminos para subir y bajar; cubrebocas y letreros que insten a la gente a “no hablar a menos que sea necesario”, adelantó Nancy Clark Burton, higienista industrial de alto nivel de los CDC que forma parte del grupo que está desarrollando la nueva guía.

Estos cambios son el resultado de evidencia científica clara. Hoy sabemos que el COVID-19 es más transmisible cuando las personas están en lugares estrechos, especialmente en interiores, donde las gotículas invisibles del virus pueden viajar de una persona a otra, daño colateral de una conversación aparentemente inocua.

Richard Corsi, decano de ingeniería e informática de la Universidad Estatal de Portland, ha calculado la cantidad de virus que quedaría en un ascensor si una persona infectada subiera 10 pisos, tosiera una vez y hablara por teléfono. Según sus estimaciones, después de salir del ascensor, cuando también saldrían algunas de las emisiones del virus, aproximadamente el 25 por ciento de la descarga de la persona permanecería ahí para cuando el ascensor vacío regrese al primer piso.

Parte del desafío es que las dimensiones de los ascensores comerciales, aunque varían, no están diseñadas para el distanciamiento social.

Pensando no solo en el transcurso de la pandemia, sino también con un ojo puesto en el futuro “post pandemia”, Ascensores Servas desarrolló la solución a estos nuevos desafíos, compuesta por cuatro procesos complementarios y simultáneos de ataque y prevención:

1 - Aireación forzada por pared individual de aire

Genera un flujo de aire limpio o filtrado -vertical de arriba hacia abajo- que envuelve a cada pasajero individualmente, para evitar que el aliento y las partículas infecciosas se esparzan por la cabina y afecte a otros pasajeros.

2 - Sistema UVC de alta potencia

Rayos ultravioletas que desinfectan la cabina en un 99 % y en 30 segundos cada 15 minutos. Funcionan a través de una computadora que interactúa con el tablero de comando, que permite determinar cuando el ascensor se encuentra sin demanda, sin pasajeros y con la puerta cerrada.

3 - Alta renovación de aire

El sistema de aireación presenta diferentes velocidades de aire para lograr el efecto de pared de aire con el menor consumo eléctrico, pero el conjunto determina una alta renovación de aire completa de cabina en 6 / 10 segundos, logrando seguridad y confort simultáneamente.

4 - Botones de accionamiento sin contacto

Las botoneras exteriores se operan sin contacto directo y actúan por proximidad. Así, se elimina la posibilidad de contagio por contacto de pasajeros.

 


 
 

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