El Día de Reyes suele llenarse de sonrisas, juguetes y fotografías que celebran la ilusión de la infancia. Es una fecha entrañable, profundamente arraigada en nuestra cultura, que evoca la magia de creer y la emoción de esperar. Sin embargo, más allá de los regalos y la rosca compartida, este día también nos invita a hacer una pausa y preguntarnos qué tan cerca estamos, como sociedad y como Estado, de garantizar que todas las niñas y niños vivan una infancia digna.
Porque no todas las infancias viven esta fecha de la misma manera. Muchas crecen demostrando una enorme capacidad de adaptación y fortaleza, aun en contextos desiguales, recordándonos la urgencia de construir entornos que amplíen oportunidades y garanticen condiciones más justas para todas y todos. En ese contraste, el Día de Reyes deja de ser solo una tradición y se convierte en un llamado a mirar la infancia desde una responsabilidad colectiva.
Hablar de infancia es hablar del derecho a la educación, a la salud, a la alimentación, al juego, al cuidado y a una vida libre de violencia. Es reconocer que las oportunidades no deberían depender del lugar donde se nace ni de las condiciones familiares, sino de un compromiso real por reducir brechas y acompañar los procesos de desarrollo desde los primeros años.
Desde lo público, la responsabilidad es clara. Gobernar con enfoque de derechos implica poner a la infancia en el centro de las decisiones, no como un discurso recurrente, sino como una práctica cotidiana. Implica fortalecer la educación pública, dignificar los espacios escolares, garantizar entornos seguros y acompañar a las familias con políticas que cuiden y protejan de manera integral.
El Día de Reyes también nos recuerda el valor de lo comunitario: compartir, cuidar, mirar al otro. En un contexto social marcado por retos complejos, recuperar estas prácticas tiene un sentido profundo. Construir un entorno donde todas las infancias puedan celebrar, jugar y soñar no es un acto de buena voluntad, es una obligación ética y social.
Que este Día de Reyes no se quede solo en la ilusión de una mañana. Que sea un recordatorio permanente de que la verdadera magia está en garantizar derechos, en construir condiciones de igualdad y en asumir, con método, humanidad y responsabilidad, que cuidar a la infancia es cuidar el futuro.
M.F. María del Carmen Salinas Flores
Secretaría de Administración