El bloque opositor de centroizquierda logró un triunfo rotundo en las elecciones legislativas de Noruega de este lunes (13), que permite recuperar el poder al Partido Laborista, 8 años después, y gobernar con su fórmula preferida.

Escrutado el 88%, la oposición obtuvo más del 55% de los votos frente apenas el 40% del bloque de derecha de la primera ministra conservadora, Erna Solberg, que gobernaba desde 2013, confirmando lo que anunciaban los sondeos desde hacía meses.

El Partido Laborista de Jonas Gahr Støre mantuvo su condición de fuerza más votada, que ostenta desde 1924, pero con el 26.2% y 48 escaños, algo menos de un punto porcentual con respecto a los anteriores comicios de 2017 y un escaño menos, el peor resultado en 8 décadas.

La subida del Partido Centrista, el que más creció en las elecciones, y del Partido de Izquierda Socialista permitirá al Laborista, no obstante, sumar una mayoría cómoda de 88 diputados, 3 más de los necesarios, con estas formaciones y no depender así de Rojo, una amalgama de fuerzas comunistas y socialistas, y Los Verdes.

El triunfo laborista supone también que toda Escandinavia estará gobernada por fuerzas de corte socialdemócrata, una situación habitual en la segunda mitad del Siglo XX, pero que dejó de serlo en las 2 últimas décadas.




 
 

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