Por Kate Abnett y James Mackenzie

BRUSELAS, 20 jul (Reuters) - Las catastróficas inundaciones que asolaron el noroeste de Europa la semana pasada fueron una cruda advertencia de que reforzar las presas, los diques y los sistemas de drenaje tiene tanta prioridad como prevenir el cambio climático a largo plazo, ya que los fenómenos meteorológicos, antes poco frecuentes, están aumentando su frecuencia.

Mientras las aguas se retiran, las autoridades evalúan la destrucción causada por los torrentes de agua que aterrorizaron zonas del oeste y el sur de Alemania, Bélgica y los Países Bajos, destrozando edificios y puentes y matando a más de 150 personas.

El ministro del interior alemán, Horst Seehofer, que visitó el lunes la ciudad balneario de Bad Neuenahr-Ahrweiler, dijo que el coste de la reconstrucción ascendería a miles de millones de euros, además de los millones necesarios para los servicios de emergencias.

Sin embargo, el coste de diseñar y construir mejores infraestructuras para mitigar este tipo de sucesos podría ser mucho mayor.

Las inundaciones, que se producen justo después de graves olas de calor y los incendios forestales en Norteamérica y Siberia, han puesto el cambio climático como primer punto de la agenda política.

La Unión Europea ha lanzado este mes un ambicioso paquete de medidas para hacer frente al cambio climático en su origen, centrándose en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el incesante aumento de la temperatura global.

También está desarrollando un paquete de medidas de recuperación de 750.000 millones de euros, con un gran peso de los proyectos que impulsan la resistencia y la sostenibilidad económica.

Sin embargo, la devastación causada por las inundaciones de la semana pasada ha dejado claro que los fenómenos meteorológicos extremos previstos por los científicos del cambio climático ya están ocurriendo ahora, y requieren una respuesta directa.

"Tenemos que construir nuevas infraestructuras —cuencas de contención, diques, áreas de drenaje de desbordamiento de ríos— y reforzar los sistemas de alcantarillado, las presas y las barreras", dijo Lamia Messari-Becker, profesora de Tecnología de la Construcción y Física de la Construcción en la Universidad de Siegen.

"Es una labor hercúlea. Es la hora de los ingenieros".

"ESTÁ OCURRIENDO DE VERDAD".

Tras una serie de graves inundaciones en los últimos 25 años, algunos de los países afectados ya habían tomado medidas, por ejemplo, rebajando las llanuras aluviales para que absorban más agua.

Al mismo tiempo, la rapidez y la magnitud de la catástrofe, causada por unas lluvias excepcionalmente intensas provocadas a su vez por un potente sistema de bajas presiones, demostró lo difícil que será prepararse para una meteorología extrema más frecuente.

"A medida que el cambio climático continúe, a medida que los fenómenos extremos sigan aumentando en intensidad y frecuencia, llegará un momento en el que no podamos protegernos más", afirmó Wim Thiery, científico del clima de la Universidad de Bruselas.

Sin duda es necesario reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, pero esto no influirá sustancialmente en el clima, y mucho menos enfriará el planeta, durante décadas.

Mucho antes de eso, los países tendrán que adaptarse o construir infraestructuras básicas que vayan más allá de la gestión del agua en la agricultura, el transporte, la energía y la vivienda.

"Nuestras ciudades se han desarrollado a lo largo de los siglos, algunas desde la época romana, para unas condiciones climáticas muy diferentes a las que estamos viviendo", dijo Thiery.

Incluso antes de las inundaciones de la semana pasada, que convirtieron las calles principales y las casas en montones de escombros y barro, la aclamada infraestructura urbana y de transporte de Alemania se había deteriorado como resultado de años de restricciones presupuestarias.

En otras zonas vulnerables de Europa, como el norte de Italia, las destructivas inundaciones dejan al descubierto la debilidad de las decrépitas carreteras y puentes casi todos los años.

Y la epidemia de coronavirus ha dejado a los Estados con aún menos dinero para gastar en el mantenimiento de sus infraestructuras, y mucho menos para reforzarlas.

Sin embargo, puede que no tengan otra opción.

"Creo que ahora todos nos damos cuenta de que esos fenómenos extremos realmente están sucediendo", afirma Patrick Willems, profesor de ingeniería del agua en la Universidad belga de KU Leuven.

"No es sólo una previsión, está ocurriendo de verdad".

(Información adicional de Markus Wacket y Maria Sheahan; Escrito por James Mackenzie; Editado por Kevin Liffey, traducido por José Muñoz)


 
 

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