• Desde el Drents de Assen hasta la Galería Apolo del Louvre, bandas reclutadas por mensajería instantánea irrumpen con herramientas de demolición para fundir o vender los tesoros saqueados

Por: Celeste Sawczuk


Mazos, hachas, palancas, armas de fuego y explosivos: los robos en museos de Europa registran un giro hacia la violencia que la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol) atribuye a la posible entrada de nuevas redes criminales en el mercado del patrimonio cultural, según un informe publicado el lunes 24 de agosto de 2026 bajo el título Changing tactics, changing targets: the evolving nature of museum heists.

El documento, parte de la serie Europol Spotlight, advierte que este fenómeno se aleja del perfil tradicional del ladrón de arte, que históricamente evitaba el enfrentamiento directo.

Los robos en museos se consideraron durante décadas una modalidad no violenta del crimen organizado contra la propiedad, basada en el sigilo, la planificación y el engaño. Ese patrón está cambiando.

Los Estados miembros de la UE reportaron a Europol un desplazamiento “hacia métodos violentos y coercitivos” en los que los delincuentes fuerzan las entradas y las vitrinas con herramientas de demolición y, en algunos casos, con explosivos, e intimidan al personal y a los visitantes con armas de fuego o los inmovilizan físicamente.

Según el informe, “el uso de la fuerza está estrechamente vinculado a operaciones dirigidas, lo que sugiere la identificación previa de objetos específicos y una ejecución planificada”.

Dos casos recientes ilustran la tendencia. En enero de 2025, una banda detonó explosivos en la entrada del Museo Drents de Assen, en los Países Bajos, y robó varios artefactos dacios, entre ellos el Casco Dorado de Coțofenești y tres brazaletes de oro dacios. El casco y dos de los brazaletes fueron recuperados y devueltos a Rumanía en abril de 2026.

En octubre de 2025, el robo al Museo del Louvre de París siguió un patrón similar: los ladrones rompieron una ventana, amenazaron a guardias y visitantes, destrozaron las vitrinas de la Galería Apolo y se llevaron joyas por un valor estimado de 88 millones de euros.

Un año antes, en 2024, cuatro sospechosos encapuchados armados con bates de béisbol y hachas asaltaron el Museo de Arte Cognacq-Jay de París y sustrajeron siete objetos de oro y diamantes antes de huir en scooters.

El perfil de los perpetradores también está evolucionando, según Europol. A diferencia de los traficantes tradicionales de bienes culturales —que operan en redes organizadas en torno a un líder y se especializan exclusivamente en este tipo de delito—, los nuevos actores “a menudo tienen antecedentes de participación en otros tipos de delitos” y en algunos casos son reclutados localmente de forma improvisada a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, sin vínculos previos entre sí.

El informe plantea dos hipótesis: que los ejecutores de bajo nivel sean captados aleatoriamente bajo el modelo de “delito como servicio”, o que redes criminales activas en otros mercados ilícitos hayan detectado el potencial de bajo riesgo y alta rentabilidad de los robos en museos.

La elección de los objetivos también cambió. Los metales preciosos y las joyas se convirtieron en los blancos preferidos, impulsados por el aumento de su valor en el mercado y por la facilidad con que pueden ser transformados: el oro y la plata se funden sin dejar rastro, y las piedras preciosas se extraen de sus engastes para venderse por separado.

El informe señala además una tendencia creciente hacia los artefactos de porcelana china antigua, en particular piezas de las dinastías Ming y Qing, cuya alta demanda en el mercado del arte facilita su venta ilícita. Entre los objetos robados en casos recientes figuran platos de porcelana china de los siglos XII y XIII, jarrones de la dinastía Ming y vasos de bronce con esmaltes de colores.

Europol reconoce que aún existe una brecha de información y que se necesitan más pruebas para confirmar la magnitud del fenómeno. El Centro Europeo de Delincuencia Grave y Organizada (ESOCC) de la agencia apoya a los Estados miembros con análisis operativos, coordinación e investigaciones sobre el terreno.

En noviembre de 2025, una operación conjunta coordinada por Europol desmanteló una red criminal dedicada al tráfico a gran escala de bienes culturales —en particular monedas antiguas de oro y plata— activa en varios países de la UE y más allá, con 35 detenidos en Bulgaria.


 
 

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