- Las declaraciones del expresidente sobre la selección francesa han desencadenado críticas del Gobierno de Pedro Sánchez, del Ejecutivo francés, de dirigentes de distintos partidos e incluso de la Federación Francesa de Fútbol
Por: Clara Arias
La previa de la semifinal del Mundial entre España y Francia ha quedado eclipsada por una polémica que ha trascendido el terreno de juego. El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy se ha convertido en el protagonista inesperado del duelo después de publicar una columna de opinión en el diario El Debate en la que afirmó que la selección francesa tiene “un altísimo nivel, eso sí, sin franceses”. La frase ha provocado una cascada de reacciones políticas e institucionales a ambos lados de los Pirineos, con acusaciones de racismo y xenofobia, críticas desde el Gobierno español y francés, respuestas de dirigentes de todos los signos políticos e incluso pronunciamientos de representantes del fútbol.
Las palabras de Rajoy, publicadas tras la clasificación de España para las semifinales del Mundial, desencadenaron primero la respuesta del Ejecutivo francés y, horas después, la del Gobierno español. Conforme avanzaba la jornada, la controversia fue creciendo hasta convertirse en un asunto político con dimensión internacional, mientras dirigentes franceses y españoles intercambiaban reproches a cuenta de unas declaraciones que terminaron desplazando el foco del propio encuentro entre ambas selecciones.
El Gobierno francés abre la ofensiva
Las primeras respuestas llegaron desde París. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, calificó las palabras del expresidente español de “absolutamente inaceptables” y sostuvo que no representan “en absoluto lo que es Francia”. Defendió que el país es una sociedad diversa “donde todo el mundo puede desarrollarse y encontrar su lugar” y advirtió de que este tipo de comentarios alimentan los ataques racistas que reciben futbolistas como el capitán de la selección, Kylian Mbappé.
A las críticas se sumó la Embajada de Francia en España, que recordó un dato concreto sobre la convocatoria de Didier Deschamps: de los 26 jugadores seleccionados, 23 nacieron en Francia y los otros tres, aunque nacieron en el extranjero, también tienen nacionalidad francesa. “Todos los jugadores de la selección francesa son franceses”, insistió la legación diplomática.
Con el paso de las horas, la respuesta institucional francesa fue aumentando de intensidad. El ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, aseguró que “Francia no tiene color de piel” y afirmó que cualquier afirmación en sentido contrario responde a “la estupidez, el racismo o una combinación de ambas cosas”. El jefe de la diplomacia francesa defendió que la selección representa “el mejor rostro” del país y confió en que la mejor contestación llegaría sobre el césped durante la semifinal.
También intervino la portavoz del Gobierno francés, Maud Bregeon, quien calificó las declaraciones de Rajoy de “abyectas” y sostuvo que demuestran un “gran desconocimiento de la historia de Francia, de lo que es Francia y del orgullo de los franceses por su selección”. A su juicio, se trata de unas manifestaciones “evidentemente” racistas.
Las condenas no quedaron limitadas al Ejecutivo. La ministra de Igualdad Aurore Bergé denunció los “resbalones racistas repetidos” y reivindicó que el deporte debe valorar únicamente el talento de los jugadores. La ministra de Ultramar Naïma Moutchou habló de un “odio metódico y banalizado hacia Francia” y llegó a plantear que la Federación Francesa de Fútbol estudiara posibles acciones legales.
La propia Federación también tomó posición. Su presidente, Philippe Diallo, afirmó que las palabras del expresidente español desprenden un “tufo de racismo intolerable” y rechazó que los futbolistas franceses tengan que recibir “ningún certificado de nacionalidad” de un expresidente extranjero.
La polémica alcanzó igualmente a la oposición francesa. El líder socialista Olivier Faure defendió que Francia “no es una nación étnica”, sino una nación política construida sobre los principios republicanos. El secretario general del Partido Comunista Francés, Fabien Roussel, acusó a Rajoy de recurrir a un “racismo burdo”, mientras que la presidenta conservadora de Île-de-France, Valérie Pécresse, afirmó que el expresidente español demostraba con sus palabras una “incomprensión total” del alma del pueblo francés.
Incluso desde Agrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen, llegaron críticas. Su portavoz, Julien Odoul, calificó directamente a Rajoy de “racista”, tachó sus declaraciones de “escandalosas, vergonzosas y lamentables” y defendió que el proyecto francés consiste en unir a todos los ciudadanos bajo los colores de la República, independientemente de su origen o religión.
Sánchez habla de declaraciones “xenófobas” y Albares pide a Feijóo que desautorice a Rajoy
Mientras Francia elevaba el tono de las críticas, el Gobierno español respondió también con dureza. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, utilizó las redes sociales para reprochar al expresidente del PP que “avergüenza” a España con declaraciones “xenófobas”. Frente a quienes, según escribió, “todavía miden la pertenencia por el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel”, defendió una idea de ciudadanía basada en “el arraigo a un país y la voluntad de contribuir a él”. Cerró su mensaje con una referencia al partido entre ambas selecciones: “Que gane el mejor y que pierda el racismo”.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó las palabras de Rajoy de “hirientes y peligrosas” y sostuvo que “todo lo que encubra racismo y xenofobia es despreciable”. Además, reclamó públicamente al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, que desautorizara al expresidente y le acusó de intentar “incendiar, boicotear y torpedear” la política exterior española. Albares vinculó además la controversia con el bloqueo en el Senado del Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia, asegurando que el PP estaba perjudicando las relaciones con un país vecino.
La ministra y portavoz del Gobierno, Elma Saiz, reprochó a Rajoy haber provocado un “pequeño conflicto internacional” con unas declaraciones que calificó de racistas y xenófobas. También el ministro de Transportes, Óscar Puente, cargó duramente contra el expresidente en redes sociales, mientras que el PSOE denunció que este tipo de mensajes fomentan el odio y se alinean con discursos presentes en determinados sectores de la extrema derecha europea. Desde Podemos, su secretario de Organización, Pablo Fernández, afirmó que “lo del PP y su racismo es absolutamente infame”.
La polémica también llegó al ámbito deportivo. El delantero Borja Iglesias defendió la multiculturalidad de la sociedad francesa y pidió ser “más cuidadosos” con este tipo de comentarios, destacando que esa diversidad también enriquece al fútbol y que España comparte una realidad social igualmente plural.
Frente a la oleada de críticas, el Partido Popular trató de rebajar el alcance de la controversia. Su portavoz, Borja Sémper, sostuvo que el artículo de Rajoy era una columna “sarcástica”, escrita “sin mala intención”, y aseguró que el expresidente comparte que solo pueden jugar con la selección francesa quienes tienen la nacionalidad francesa. Según explicó, el texto pretendía únicamente expresar comentarios favorables a España de cara a la semifinal.
Rajoy, por su parte, evitó entrar en un enfrentamiento directo con el Gobierno y respondió en el periódico El Mundo que no pensaba “ponerse al nivel de ciertos ministros españoles”, en alusión a las críticas recibidas desde el Ejecutivo. Entretanto, la controversia siguió creciendo hasta convertirse en uno de los grandes asuntos de la previa del Francia-España, con reacciones que trascendieron el ámbito deportivo y acabaron implicando a gobiernos, partidos políticos, instituciones diplomáticas y representantes del fútbol de ambos países.