España sale de una Semana Santa que, gracias a la borrasca Nelson, ha llenado los embalses hasta el 63,1% de su capacidad. La última actualización del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico muestra una reserva hidrográfica que alcanza los 35.375 hectómetros cúbicos, con un aumento del 5,3% en la última semana de marzo. De hecho, el pasado mes se encuentra entre los cuatro más lluviosos del siglo XXI. Así, las frecuentes e intensas precipitaciones han logrado que las cuencas de acumulación del oeste peninsular salgan de la sequía meteorológica a corto plazo, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Pero los expertos dicen que no deberíamos confiarnos. Las últimas predicciones de la Aemet desvelan que nos espera una primavera calurosa, especialmente para la vertiente mediterránea, las islas Baleares y las islas Canarias. Como ha señalado el catedrático Javier Martín Vide al diario El Confidencial, “una mayor temperatura produce, como bien es sabido, una mayor evaporación o evapotranspiración”. El medio cita igualmente a la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), que señala que las fugas y desbordamientos en las infraestructuras de transporte de agua provocan que se pierda una cuarta parte del agua que circula en las redes públicas. La pérdida oscila en torno al 0,5% anual, lo que equivale a cinco veces a la acumulada por los embalses tras la borrasca Nelson.
Por ello, las comunidades más afectadas por la escasez de agua se muestran prudentes a la hora de levantar restricciones. Sobre todo teniendo en cuenta la llegada del verano, una estación marcada por escasas lluvias, temperaturas altas y la temporada turística. Hay que apuntar que, salvo en Canarias, la Aemet prevé una estación primaveral típica en cuanto a las precipitaciones.
Optimismo limitado ante la incertidumbre primaveral
Si los embalses sufren una recuperación rápida que se acerca a los niveles históricos para la época (63,39%), es inevitable que se despierte un cierto optimismo, sobre todo tras los meses de alertas por sequía y declaraciones de emergencia hídrica en varios puntos del país. Pero nadie se apresura en la toma de decisiones: Cataluña, comunidad en emergencia por sequía, descarta eliminar restricciones. Tiene las reservas al 46,31%, por encima de los datos de 2023 para la misma fecha, pero más de un 20% por debajo de la media de los últimos diez años (69,88%). Girona y Barcelona, las dos provincias afectadas por la escasez de agua, solo eliminarán las restricciones actuales si los embalses alcanzan el 27 o 28% de su capacidad. Como han recordado desde el gobierno de la Generalitat “no es lo mismo estar al 16% de agua embalsada en mayo, a las puertas de la estación seca, que en septiembre”.
A las declaraciones de sequía extraordinaria unió el 27 de marzo la Confederación Hidrográfica del Júcar. En ese sentido, sus cuencas se mantienen al 52,6%, si bien están todavía por debajo de los niveles de años anteriores. También declaró la sequía extraordinaria la Confederación Hidrográfica del Segura a principios de marzo, que no ha notado tanto las últimas precipitaciones. Sus cuencas están actualmente al 22,8% de su capacidad.
Andalucía, en cambio, anunció a inicios de esta semana que prevé suavizar las restricciones actuales tras las lluvias registradas durante Semana Santa. La comunidad ha sido una de las grandes beneficiadas por las lluvias, especialmente en las cuencas del Guadalquivir, que se encuentran al 42,9% de su capacidad. No repiten esa suerte otras zonas de la región. Los embalses andaluces están, de media, a un 39,755 de su capacidad, por debajo de la media histórica (56,81%). Es Almería la provincia más perjudicada, con tan solo 20 hectómetros cúbicos de agua embalsada (224 hectómetros cúbicos de capacidad).