Hablar de transformación no puede limitarse a las grandes obras, a los programas sociales o a las cifras de crecimiento. Transformar significa también cambiar la vida cotidiana de las personas y reconocer, con hechos, a quienes todos los días hacen posible que las instituciones funcionen y que el Estado cumpla con su responsabilidad frente a la ciudadanía.

Por eso, el reciente anuncio del gobernador David Monreal Ávila para mejorar las condiciones salariales de las y los trabajadores del Gobierno de Zacatecas representa una decisión importante dentro de una visión que coloca el bienestar y la justicia laboral en el centro de la vida pública.

El aumento salarial anunciado, la homologación de la prestación de despensa y, particularmente, la eliminación de las dos categorías salariales más bajas tienen un significado que va más allá de una modificación administrativa. Representan un reconocimiento a quienes, desde distintas responsabilidades, sostienen diariamente el funcionamiento del Gobierno del Estado.

La transformación que vive nuestro país ha colocado en el centro una idea fundamental: por el bien de todas y todos, primero quienes más lo necesitan. Ese principio también debe reflejarse al interior de nuestras instituciones. No podemos aspirar a construir un gobierno cercano, eficiente y comprometido con la justicia social sin procurar, al mismo tiempo, condiciones laborales cada vez más dignas para quienes forman parte de él.

Las instituciones no son únicamente edificios, estructuras administrativas o presupuestos. Las instituciones son, ante todo, las personas que trabajan en ellas. Son las mujeres y los hombres que atienden a la ciudadanía, administran los recursos públicos, recorren las comunidades, mantienen en funcionamiento los servicios y hacen posible que las políticas públicas lleguen a cada rincón de Zacatecas.

Por ello, mejorar sus condiciones de trabajo también significa fortalecer al Estado.

La Cuarta Transformación ha reivindicado al trabajo como una fuente de dignidad y bienestar. Durante muchos años prevaleció una visión en la que contener los salarios parecía ser sinónimo de responsabilidad económica. Hoy debemos entender que administrar responsablemente los recursos públicos también implica generar las condiciones para que sus beneficios lleguen a quienes trabajan y sostienen nuestras instituciones.

El reto, por supuesto, no termina con un incremento salarial. La justicia laboral debe ser un proceso permanente: mejores prestaciones, capacitación, profesionalización, igualdad de oportunidades, ambientes laborales respetuosos y reconocimiento al servicio público. Cada avance en estas materias fortalece el sentido de pertenencia y la capacidad de nuestras instituciones para servir mejor a la sociedad.

Porque la transformación no ocurre solamente desde arriba; se construye todos los días desde cada oficina, cada dependencia, cada municipio y cada espacio de atención a la ciudadanía.

Reconocer a las y los trabajadores del Estado es reconocer que ninguna política pública podría convertirse en realidad sin su esfuerzo. Son ellas y ellos quienes permiten que las decisiones se transformen en acciones y que los compromisos públicos lleguen a las familias zacatecanas.

Por eso, cuando se mejoran sus condiciones laborales, también se fortalece el servicio público. Cuando se dignifica su trabajo, se dignifican nuestras instituciones. Y cuando se reconoce su esfuerzo, se consolida una transformación que entiende que el desarrollo debe traducirse, necesariamente, en bienestar para las personas.

Zacatecas se transforma con el trabajo de su gente. Y reconocer a quienes todos los días sostienen al Estado es también una manera de hacer justicia.

Maricarmen Salinas


 
 

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