Tal como lo hemos asentado en otras colaboraciones en torno a que la seguridad está íntimamente relacionada con la vida de las personas, ya que es una condición ineludible que busca todo ser viviente en su individualidad y colectividad, dicho lo anterior resulta por demás interesante el entender, pero sobre todo atender los diversos aspectos que hacen proclives las conductas delictivas que algunas personas tienen para realizar estas conductas contrarias al bien común, y en torno a esto mucho tiene que ver el tema de las oportunidades rutinarias mismas que están íntimamente ligadas a la criminología ambiental y el urbanismo, es decir a los espacios físicos, que tal como reza el dicho: “la ocasión hace al ladrón” y es ahí donde la oportunidad juega un papel importante en la comisión de todo tipo de delitos.
El tema es por demás interesante y muy extenso, pero de manera sucinta asentare algunos de los puntos más importantes para poder dilucidarle, iniciando por asentar que varias teorías criminológicas como la teoría de la oportunidad, la teoría de las ventanas rotas, la prevención situacional, la actividad rutinaria, el patrón delictivo y la perspectiva de la elección racional, entre otras que se encargan de ello y plantean por qué los individuos tienen mayor o menor inclinación delictiva, y de manera general estas teorías comparten de inicio que el comportamiento individual es producto de una interacción entre las personas y el entorno físico que les rodea, y esas inclinaciones delictivas han dado lugar a una imagen completa de las diversas causas del delito en lo que respecta a las características relevantes de cada escenario que ayuda a convertir las inclinaciones delictivas en acciones concretas.
Entonces pues las inclinaciones delictivas dan lugar a una imagen que muestra como ciertos escenarios físicos proporcionan las oportunidades delictivas, pues no puede darse el delito sin dichas oportunidades para cristalizarlo, ya que las oportunidades se convierten en condiciones necesarias para que el delito suceda, lo que en un sentido estricto de la palabra las convierte en un tema preponderante, pues ninguna causa del delito es aislada y basta una oportunidad para asegurar su producción, y aunado a otros principios la podría situar como la causa última.
Las teorías sobre como los escenarios físicos ayudan a que se cometa un delito se sustentan en el principio de las oportunidades fáciles o tentadoras que atraen a algunas personas a la acción delictiva, y este principio se encuentra en cada una de las teorías que dan pie a las acciones delictivas, en este sentido la teoría de las oportunidades delictivas son de suma importancias tanto como los factores endógenos o exógenos, pues la base para que acontezcan las acciones delictivas convergen en el tiempo y el espacio de tres elementos básicos a saber: uno, un posible delincuente, dos un objetivo apropiado, y tres la ausencia de un vigilante adecuado, y en el caso del número tres no necesariamente el vigilante tendría que ser un policía, que dicho sea de paso por plexo jurídico es el llamado a hacerlo, sin embargo, y para el caso de generar conciencia social y ocuparnos en buena parte de nuestra propia seguridad, lo es también una personas que este al pendiente como agente disuasivo, y como ejemplo de lo anterior podemos citar que cuando un vecinos nos encarga echarle un ojito a su casa cuando este se ausenta, el hecho de estar al pendiente es el agente vigilante, pues la vigilancia frecuente pudiera parecer inadvertida, pero tiene un efecto potente contra la oportunidad de evitar que se realice cualquier delito.
De tal suerte que la oportunidad para evitar un delito debe ser evaluada por categorías muy concretas, ya que juega un papel importante en todo tipo de delitos, por ello entre otros aspectos se deben considerar los diez principios de la oportunidad y el delitos a saber: uno, las oportunidades desempeñan un papel importante en la causa de todo delito; dos, las oportunidades delictivas son sumamente específicas; tres, las oportunidades delictivas están concentradas en el tiempo y el espacio; cuatro, las oportunidades delictivas dependen de los movimientos cotidianos; cinco, un delito crea oportunidades para otro; seis, algunos productos ofrecen oportunidades delictivas más tentadoras que otras; siete, los cambios sociales y tecnológicos producen nuevas oportunidades delictivas; ocho, las oportunidades delictivas pueden reducirse; nueve, la reducción de oportunidades suele desplazar el delito; y diez, una reducción de oportunidades bien focalizada puede producir un descenso en la comisión de los delitos.
Por ello la importancia en la tarea de reducir las oportunidades mediante un examen exhaustivo de nuestros espacios físicos y rutinas, donde la idea principal sea tomar las providencias necesarias para evitar ser presas de algún acto delictivo, y que solo por agregar un par de ejemplos de la cotidianidad, es dejar bien cerradas nuestras casas, mismas que deberán de contar con protecciones en puertas y ventanas y de ser posible algunas herramientas tecnológicas como cámaras, alambradas en las bardas, respecto a los vehículos deberán de contar con alarma, bastones, cámaras, en el tema del dinero si tiene algunos ahorros en casa es guardarlos en lugares que no sean comunes, como cajones de buros o peinadores, sino en lugares no comunes que solo usted conozca, en torno a los hijos aconsejarle el tipo de amistades o compañías que cultivan y las redes sociales con controles parentales, estas y otras acciones pueden desplazar el riesgo de sufrir algún acto delictivo.