En la historia de la lucha por el poder de la República existe un zacatecano que se distinguió por su osadía de enfrentarse sin límites y en rebelarse al dictador dueño del país. Era abogado y constitucionalista. Sin embargo, termina siendo éste, un personaje pintoresco y un arlequín de la política.

A este zacatecano famoso en su época, pero olvidado en la actualidad, le debemos que haya acuñado los conceptos de “presidente legítimo” y “candidato perpetuo”. No son de nadie más. Que no se equivoquen. Tampoco son propiedad esos rótulos semánticos de AMLO, sino de un distinguido zacatecano, a quien le dedicaron obras innumerables, libros e incluso películas, a inicios del siglo XX.

En 1892 se  por primera vez como candidato a la presidencia de la República, opositor (nada más y nada menos) que del dictador Porfirio Díaz. Perdió este zacatecano la lucha por el poder de la Nación y se autonombró “presidente legítimo” e incluso formó un gabinete paralelo. En recorrido por el país, la gente lo aclamaba con singular actitud festiva, pero no le tomaban en serio.

Ese singular zacatecano, de perfil quijotesco, es Nicolás Zúñiga y Miranda (1865/1925), quien contendió siete veces por la presidencia de la República, cinco contra Porfirio Diaz, una enfrentando a Venustiano Carranza y otra más disputándole el poder al general Álvaro Obregón.

En todas sus aventuras y hazañas políticas, luego de perder, se declaraba “presidente legítimo”. Múltiples sectores de la aristocracia mexicana le festejaban sus desplantes y le seguían la corriente, porque además no hacia el mal a nadie, como muchos otros caciques zacatecanos.

Nicolas Zúñiga y Miranda fue candidato a la presidencia de la República por siete ocasiones, en los siguientes años: 1892, 1896, 1900, 1904, 1910, 1917 y 1920.

En la primera experiencia como candidato a la presidencia de la República y al perder la contienda, Zúñiga y Miranda, tomó la calle y protestó de manera airada. Terminó encarcelado y al poco tiempo liberado. Llamó usurpadores a sus contrincantes.

Finalmente, el gobierno de Porfirio Díaz lo consideró un loco que divertía a la gente, más que un opositor peligroso y determinó la dictadura no perseguirlo.

Hoy recuerdo las hazañas pintorescas de este ilustre personaje, Nicolás Zúñiga y Miranda, porque en este mes de mayo, se están cumpliendo 158 años de su nacimiento, en la capital de Zacatecas.

Pero en realidad fueron dos zacatecanos los que se le cruzaron en el camino de la reelección a Porfirio Díaz. El otro era un hombre poderoso, un caudillo de la Reforma, un Héroe de Guerra, un “cacique de Zacatecas”. Este otro personaje había sido además gobernador de la entidad, secretario de gobernación y secretario de Hacienda. Sobre este político hablaremos más ampliamente en colaboración posterior.

El nombre de este otro personaje, a quien Porfirio Díaz le tenía temor por su inteligencia, era el General J. Trinidad García de la Cadena (1823/1886), quien terminó siendo fusilado, por conspiración, en el año de 1886, en la hacienda de La Gruñidora, en el municipio de Mazapil.

En la historia por el poder de la Nación, Zacatecas ha tenido sus personajes pintorescos, sus políticos locos, sus próceres, pero también sus caciques de orca y cuchillo, que para dirimir sus diferencias (sobre todo estos últimos) utilizan el instrumento del exterminio y el asesinato.