Imane Rachidi

La Haya. El Carruaje Dorado, una polémica carroza decorada con una mujer blanca y esclavos depositando regalos a sus pies que pertenece a la familia real de Países Bajos, está bañada en oro procedente de una mina de la excolonia neerlandesa del Surinam, concluyó hoy el Museo de Ámsterdam, encendiendo aún más el debate sobre la esclavitud.

Es una conclusión basada en una comparativa con técnicas modernas con muestras de oro de los países con más vínculos con Países Bajos en esa época, y este dato añade más leña al encendido debate sobre el pasado colonial, una cuestión sensible a nivel social y político para los neerlandeses. Además, coincide con una visita de trabajo del primer ministro Mark Rutte a Surinam este lunes.

El carruaje, un regalo de los vecinos de Ámsterdam a la reina Guillermina de Países Bajos en 1898, es considerado por algunos una glorificación de la esclavitud por el panel que muestra a una mujer blanca sentada en un trono rodeada de personas negras que se inclinan ante ella.

El debate sobre este panel llevó al rey Guillermo Alejandro a renunciar en enero al uso de esta carroza en las ocasiones oficiales, instando a “aceptar” el pasado colonial porque “no se puede reescribir”.

“Los fabricantes del Carruaje Dorado (Gouden Koets, en neerlandés) estaban orgullosos de que el regalo a la nueva monarca Guillermina representara a todo el Reino de los Países Bajos en ese momento. El carruaje contiene lino de Zelanda, cuero de Brabante, madera de Java y marfil de Sumatra. Surinam, entonces parte del reino, no parecía estar representado”, señala la conservador Annemarie de Wildt.

La investigación del museo junto a la Universidad de Ámsterdam, el Instituto para la Conservación del Arte y la Ciencia (NICAS) y el Centro de Biodiversidad Naturalis resuelve la gran pregunta, tras comparar la composición del material con otras muestras.

Sudáfrica fue un importante exportador de oro alrededor de 1900 y tenía fuertes lazos con Países Bajos, pero, explicó De Wildt, “generación tras generación, se ha dicho que el oro proviene de Surinam, lo que fue razón suficiente para investigar allí el origen del oro”.

Estaba claro que no procedía de las Indias Orientales Neerlandesas porque un folleto de 1898 decía que no había sido posible obtener oro para este carruaje de la isla indonesia de Célebes, por lo que se sospechaba que venía de Surinam, pero no había pruebas.

La fábrica que construyó el carruaje se había incendiado, y dentro estaban los posibles recibos de compra del oro.

Los investigadores analizaron una especie de “huella digital” del oro: isótopos de plomo formados por la desintegración radiactiva de los elementos uranio y torio, que varían según la región, pero es necesaria una muestra limpia para comprar, según Gareth Davies, profesor de petrología, campo de la geología que estudia la composición de las rocas.

“Pero el oro del Carruaje Dorado contenía muchas partículas de plomo que provenían de la contaminación del aire a la que ha estado expuesto el carruaje a lo largo de los años, como la gasolina. También de pintura y pegamento que contenían plomo. Había que eliminar todas esas miles de millones de partículas de plomo”, señaló Davies.

Además, los investigadores sólo tenían una pequeña muestra a su disposición y el grosor del pan de oro era 100 veces más fino que un pelo, así que necesitaron cuatro meses para aislar la muestra adecuada para las comparaciones.

“Después de un análisis cuidadoso, podemos decir con certeza que el oro no provino de Sudáfrica. Desde un punto de vista histórico, Sudáfrica o Surinam son las posibles opciones. Los resultados de nuestra investigación están totalmente en línea con Surinam como el país de origen del oro", señala Davies.

El debate queda ahora servido. El parlamento neerlandés ya está dividido: la izquierda cree que la pieza debe estar en un museo; la ultraderecha insiste en que el rey debería volver a pasear en su carruaje; y los liberales de derechas, como los Rutte, no lo tienen claro.

Algunos expertos piden no usar el carruaje, no por el debate sobre el colonialismo, sino porque su reciente restauración ha sido millonaria y no debe conducirse bajo de la lluvia, o arriesgarse a que alguien le lance una lata de pintura. EFE