Actualmente uno de los sectores de la población más afectados por esta pandemia han sido nuestros jóvenes, niños y adolescentes, este sector de la población que muy pocas veces volteamos a ver como un grupo que requiere una especial atención, al inicio nuestra mirada estuvo puesta en los adultos mayores, advirtiendo el riesgo que esto tendría en su salud y en su bienestar, por su puesto es apremiante  seguirlo haciendo, cuidar y proteger a quienes han entregado su vida, su trabajo y cariño a formar y sostener a las generaciones actuales.

 

 Pero, ¿qué hay de los jóvenes, niños y adolescentes que un día la vida les cambio sin avisar? , viviendo la peor pesadilla al escuchar cualquier cantidad de malas noticias, al tener que desalojar sus pertenecías de sus casilleros escolares con la incertidumbre plena de un posible regreso, perdiendo el contacto de manera drástica con compañeros, amigos, maestros, viendo como se iban derrumbando sus planes y proyectos que tenían,  pero lo más grave y alarmante aún, teniendo que despedirse de algunos de sus seres queridos y en el peor de los casos, por las circunstancias actuales siendo negada esa posibilidad.

 

Los jóvenes como cualquiera de nosotros viven sus propias pérdidas y duelos, solo que a veces lo hacen de manera silenciosa detrás de esa puerta cerrada de su habitación, tal vez refugiándose en algún lugar, tal vez no…

 

Los datos de depresión y suicidio han crecido de manera alarmante por parte incluso de niños, ellos están pidiendo un grito de ayuda desesperada, volvamos la mirada a ellos.

 

Esta generación no pidió nacer con un celular en la mano ni con los avances científicos y tecnológicos que los cobijaron, ellos un día abrieron los ojos y encontraron este mundo tal cual es, con las crisis y fortalezas propias de su época, son expertos en el uso de las nuevas tecnologías y desarrollan su creatividad con singular facilidad, lo que nos están reclamando en este momento a los adultos es que los acompañemos a gestionar sus emociones, a ayudarlos a expresarlas,  a recibir comprensión en este proceso por el cual están atravesando.

 

Hagamos que sientan que detrás de esa habitación siempre encontraran los brazos y los oídos de unos adultos amorosos y comprensivos, dispuestos a ayudarlos a entender la vida. Seamos conscientes de la  tristeza y ansiedad por la cual estan atravesando y ayudemos con nuestro ejemplo a comprender que el punto más oscuro de la noche es el que ya vislumbra la luminosidad del amanecer, mantengamos viva esperanza, ayudemos a que mantengan la fe,” Nos encontramos en un túnel, no en un pozo.”

 

 Seguramente muchas cosas cambiaran a partir de hoy, nuevas profesiones u oficios, nuevas maneras de relacionarnos, etc. Lo que es seguro es que nuestros jóvenes serán esos protagonistas que habrán de tomar la estafeta como una generación resiliente, fuerte y creativa, forjada en los peores escenarios y que al contrario  de lo que se piensa esto hará de ellos personas más auténticas y conectadas con la compasión y el amor por la vida, dispuestas a dar lo mejor de sí a su entorno. Hagamos como adultos por lo tanto nuestra parte y sigamos sosteniéndolos con amor, paciencia y perseverancia.